Imagínate un queso que sabe a caramelo. De color marrón, sabor dulce y completamente distinto a todo lo que conoces del mundo del queso. Eso es el brunost, y en Noruega lo comen a diario.

¿Qué es exactamente el brunost?
Brunost (literalmente: «queso marrón») no es realmente un queso en el sentido tradicional. Se elabora con suero de leche, el líquido que sobra durante la fabricación del queso. Ese suero se cuece durante horas hasta que el azúcar se carameliza. El resultado es un bloque firme y cortable con un sabor dulce y acaramelado.
La variedad más conocida es el Gudbrandsdalen, también llamado geitost o gjetost. Se elabora con una mezcla de leche de cabra y leche de vaca, lo que le aporta un ligero toque ácido que complementa su dulzor.
¿Tienes curiosidad por saber cómo se compara el brunost con otros quesos especiales? Lee también nuestro artículo sobre el queso Goudse, el orgullo del mundo quesero neerlandés.
¿A qué sabe?
Es difícil comparar el brunost con algo conocido. Imagina un cruce entre caramelo, fudge y dulce de leche, pero con la textura del queso. Es dulce, pero no empalagoso. Tiene un sutil toque caprino que lo hace interesante.
El primer mordisco suele sorprender a mucha gente. Es tan distinto a lo que esperas de algo que se llama «queso». Pero la mayoría queda convencida tras el segundo bocado.

¿Cómo se come el brunost?
En Noruega, el brunost es un elemento fijo del desayuno y el almuerzo. La forma tradicional de tomarlo:
- Sobre pan: corta lonchas finas con un cortador de queso (que, por cierto, es un invento noruego ideado precisamente para el brunost) y colócalas sobre el pan
- Con gofres: la combinación noruega por excelencia. Gofres calientes con mermelada y brunost
- Con crackers: acompañado de un poco de pepino para contrastar
- Con caza: en la cocina noruega, el brunost también se usa en salsas para platos de caza
La clave está en cortar lonchas finas. El brunost tiene un sabor intenso, no necesitas mucho.
Por qué es un queso especial
El brunost es un producto que no se fabrica a gran escala en ningún otro lugar del mundo. Está tan arraigado en la cultura noruega que en 2013 se desató una crisis nacional cuando un camión cargado de brunost se incendió en un túnel y la producción quedó paralizada temporalmente.
Es también un producto sostenible. Al elaborarse con suero de leche, un subproducto del proceso quesero que de otro modo se desperdiciaría, es en realidad upcycling avant la lettre.

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Consejo: llévalo a una noche de quesos y pide a tus invitados que adivinen qué es. Nadie lo acierta, y todos quieren repetir.



